En el verano de 2015 mi ojo izquierdo se cerró. Por las buenas. Pensé que era fruto del cansancio. Resultado de haber trabajado largas horas frente al ordenador para relanzar una empresa castigada por la crisis.

Nunca imaginé que aquello era el preludio de una enfermedad conocida como Miastenia Gravis, en mi caso, de carácter generalizado.
Afecta a los impulsos nerviosos que envía el cerebro para que los músculos funcionen. Sin ellos, caminar, vestirte, tragar, hablar, ducharte e incluso respirar…, se convierten en algo heroico. Ahora sé lo que es, no poder pasear cuando te apetece, tener que poner el máximo cuidado para tragar algo sin atragantarte, o precisar ayuda para levantarte de la cama o ducharte.

La MG está considerada una enfermedad rara.
Un desorden neurológico degenerativo que afecta al sistema inmune de la persona, con una incidencia de un caso cada 10.000 habitantes.
Sin embargo, gracias a ella he conocido magníficos médicos y enfermeras en el Hospital Universitario La Paz que han trabajado, y siguen trabajando duro, para mi recuperación.
Sin su ayuda, seguramente seguiría sentado en una silla, sin poder moverme. Desde aquí, mi agradecimiento público por la inmensa labor que desarrollan los profesionales de la salud.

Y como no todo iba a ser malo, estar sentado tanto tiempo me sirvió para pensar, para imaginar cómo iba a ser mi vida a partir de ese momento. Una vida en la que una forma física envidiable, daba paso a algo más de andar por casa…
Fue el momento de reorganizarme. Saber con qué podía, y con qué no iba a poder contar más. Ahí fue cuando comencé a pensar en escribir. Me gusta escribir. He escrito bastantes textos publicitarios y periodísticos, aunque siempre había postergado, ¿procrastinado?, la idea de escribir un libro.

La MG, sirvió para disipar mis dudas: si físicamente no podía hacerlo, siempre podía dictar… Un pensamiento atractivo cuando no puedes valerte por ti mismo.
He de aclarar que mi estado de ánimo ha sido y sigue siendo excelente. Algo inexplicablemente providencial, que me ha permitido rescatar del olvido un proyecto que comencé hace cuatro años: mi primer libro. Bueno, en realidad la escaleta. Algo así como la estructura del mismo.

De esta manera y por paradójico que resulte, la MG se convirtió en el catalizador necesario y suficiente o,
¿por qué no decirlo?, la perturbadora inspiración para concluir
CON VARA DE HIERRO, mi primera obra.
Un apasionante thriller que no deberías perderte.
También te invito a conocer The Advertising ROUGH BOOK.
Esencial para todos los que tratan con la imagen de una u otra forma. El segundo libro que he escrito, pero el primero en publicarse.
¿Y a partir de aquí..? Varios proyectos están en marcha.
La enfermedad me ha ayudado a entender la vida de otra manera. Espero ser capaz de aprovechar al máximo, las nuevas oportunidades que se han abierto ante mí.