El título de la película de Kubrick nos avisa, como preámbulo, de que las cosas no siempre son como parecen.

Hablar de censura dentro de sociedades democráticas resulta espinoso. La mayoría coincidiría en reivindicar -como un papagayo-, las bondades atribuidas al sistema e, inevitablemente, nos confrontaría con la consabida cantinela: ¿acaso preferirías vivir en una dictadura?

Sin embargo, mucho me temo que, a pesar de lo que nos dicta la propaganda política, vivimos en una sociedad democrática permanentemente censurada. Y no sólo me refiero a España. Me refiero a Occidente.

Y es que censurar la información, desde tiempos inmemoriales, ha sido una de las formas favoritas de control sobre los ciudadanos en las sociedades autocráticas.
Ahora puede que estés pensando: ¿en qué quedamos, hablas de las sociedades democráticas o de las autocráticas? En realidad, tienen tantos puntos en común que si estudias y comparas hechos aislados, puede resultar difícil diferenciarlas.

Una vez delimitado el marco de referencia, comenzaré por lo más obvio, la censura en RR.SS.

 

Twitter sí, Twitter no. Libertad de expresión sí, libertad de expresión no. Elon Musk sí, Elon Musk no.

La Constitución Española en su Título I / Capítulo Segundo / Sección1ª /Artículo 20 expresa textualmente lo siguiente.

Se reconocen y protegen los derechos:
      1. A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.
      2. A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica.
      3. A la libertad de cátedra.
      4. A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades.
El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.
La ley regulará la organización y el control parlamentario de los medios de comunicación social dependientes del Estado o de cualquier ente público y garantizará el acceso a dichos medios de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y de las diversas lenguas de España.
Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.
Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial.

Teniendo esto en la mente, el revuelo montado sobre la posible compra de Twitter por parte de Elon Musk se originó en torno a un debate difícil de asumir: el miedo a que Musk “suprimiera la censura” de la red social.

Y claro, conviene que recordemos que Twitter no es una red social fundada en Corea del Norte, Yemen o Cuba, países conocidos por sus regímenes dictatoriales partidarios de la censura. No. Twitter tiene su sede en San Francisco, Estados Unidos. Uno de los grandes “adalides” de la democracia y su sistema de libertades.

Por resumirlo en una secuencia lógica breve: si Twitter ha sido fundado en un país democrático / si Twitter funciona en España (y otros países) dentro de un régimen democrático que recoge, entre otros, los derechos de libertad de expresión, pensamiento, cátedra, y comunicación… ¿cómo puede una compañía privada? -ESO ES TWITTER- ¿conculcar los derechos de millones de ciudadanos y que ningún estado, ni político de dichos estados, actúen de oficio obligando a TWITTER a restaurar el pleno ejercicio de las libertades democráticas y derogar la censura previa que usan de forma habitual y arbitraria, sin para ello contar con orden judicial alguna?

Según la navaja de Occam, la conclusión más simple es: porque les interesa que sea así.
Pero claro, si les interesa esto, podemos hacer una traducción simultánea: las pretendidas libertades no son reales. Ergo, la democracia tampoco es lo que promete ser.

“El Príncipe” de Maquiavelo, que no falta en la mesilla de cualquier aspirante a manipulador, lo dice bien claro “aquel que engaña encontrará siempre a quien se deje engañar”.

 

Una pandemia = una coordinación informativa sin precedentes en la historia.

No voy a entrar en las medidas políticas o médicas tomadas durante el pasado reciente por todos conocido y, a nuestro pesar, sin haber finalizado. Al menos, de forma oficial.
Todos tenemos nuestra opinión y, cómo recoge la Constitución Española, nuestro derecho a mantenerla y expresarla.
Sí voy a hablar, en cambio, de pluralidad. O mejor aún. De la falta de la misma.

La libertad de expresión es un pilar de la democracia. Representa el derecho de cualquier ciudadano a pensar y exponer sus ideas libremente, sin que poder o gobierno alguno le criminalicen por ello. ¿Te suena? Porque yo lo que he visto durante esta etapa lamentable ha sido exactamente todo lo contrario.

Los medios informativos del mundo occidental -todos a una-, un hecho tan insólito como original en la historia de la humanidad, no es que hayan emitido una versión oficial idéntica e inmutable a coro. Es que han silenciado deliberadamente cualquier opinión diferente al dogma propuesto.

Y eso no es libertad. Eso no es democracia. Eso…, no es periodismo. Cuando un medio informativo olvida su sagrada misión, que es informar, y se deja prostituir por el espíritu de la propaganda política, su razón de ser muere en el acto.

Pero, además, nos aboca a una consecuencia fatal. Si un medio informativo no INFORMA y, recordemos que para informar es esencial la búsqueda de la verdad, los ciudadanos quedan libremente expuestos a la manipulación más despiadada y sus consecuencias.

 

¿Quién inventa las fake-news?

Unido a lo anterior llega esto: ¿qué legitimidad tiene un medio de información que se limita a hacer propaganda política, para determinar qué es una fake-new?
Creo que algunos deben pensar que un medio informativo es serio si tiene una emisora de televisión o vende ejemplares de papel en los quioscos.

Para sorpresa de muchos, citaré las 10 claves actuales para el periodismo según el New York Times:

1.- El boca a boca sigue siendo el motor de recomendación final.

2.- Crear conexión en los lectores a través del contenido.

3.- La gente quiere historias con un comienzo claro, un desarrollo y, lo más importante, un final.

4.- La gente está cansada de las notificaciones automáticas.

5.- Desconectarse de las redes sociales no significa huir por completo.

6.- La hora del día influye en la selección de contenido.

7.- Los lectores quieren transparencia.

8.- La gente quiere espacios sociales más dinámicos.

9.- Cada espacio se siente como un espacio político.

10.- La información más reciente no siempre es la más relevante.

Yo añadiría:

11.- No nos tomes en serio, es sólo un chiste (parecen las recomendaciones de un bloguero cansino).

No leo por ningún lado la importancia de contrastar las fuentes; ni el rigor necesario fundamentado en la veracidad de los hechos.

En contraposición, para el API AMERICAN PRESS INSTITUTE la primera obligación del periodismo es atenerse a la VERDAD. Lo más parecido a eso para el New York Times es la transparencia, algo que en la práctica es bastante opaco.

Pero, sigo con el API. La segunda obligación es la lealtad a los ciudadanos.
La tercera es lo esencial que resulta una disciplina de contraste de fuentes.
La cuarta no es menos importante: un periodista debe ser independiente de aquello o aquellos a los que da voz.

En quinto lugar, el periodismo debe actuar como contrapoder independiente.
La sexta obligación es convertirse en un foro público de crítica y compromiso.
Otra más, debe orientarse a mantener lo significativamente interesante y relevante.
En noveno lugar, debe generar noticias comprensibles y proporcionales.
Aunque hay más puntos en su página me voy a plantar en el décimo por su especial relevancia: se debe permitir a los periodistas que ejerciten su conciencia personal.

Con todo esto presente, ¿debo pensar que el New York Times es un medio capacitado para estimar qué es una fake-new?

En la realidad, los “medios oficiales” llaman fake-new a cualquier cosa que no salga de su redacción y pueda generar controversia. Controversia que vista, desde un adecuado ángulo democrático, debería servir para estimular el debate y ensanchar el horizonte de lo que sabemos o creemos saber.

 

Eyes Wide Shut

A veces, cuando tenemos algo justo delante de nuestros ojos, es cuando más nos cuesta darnos cuenta. Me refiero a que vivimos dentro de un sistema de libertades en el que la primera consigna a cacarear es siempre la misma: libertad.

Ahora bien… ¿puede existir la libertad sin la verdad?

Artículo publicado el 20-jun-2022 en

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