Cual si de pujante movimiento antropológico se tratara, el sobradismo, desde hace algunos años, ha irrumpido en nuestras vidas a paso ligero. Pero… ¿qué es el sobradismo?, te estarás preguntando. El sobradismo, por definirlo de una manera rápida y un tanto imprecisa, es esa ¿cualidad? exhibida por algunos, que les permite estar por encima de toda circunstancia, persona, espacio o tiempo, de manera permanente…, y sin necesidad de tener la razón en ningún momento.

El sobradismo, como fenómeno social, -aunque serían necesarios estudios más profundos-, es probablemente una evolución del y-yomás-ismo, tan de moda durante años, vinculado de forma directa al cuñadismo, si bien existen diferencias ontológicas merced a rasgos muy característicos, que confieren al sobradismo su particular efecto desasosegante. El ejercicio del sobradismo es transformador, convirtiendo a su ejerciente en un sobrado, aunque el uso cotidiano ha elevado la variante sobrao, casi a la categoría de lexema.

Un sobrao es aquella persona que, cuando tú vas, él vuelve. No una, sino quince, dieciséis o diecisiete veces si fuese necesario. Dirás, -igual que mi cuñao (cuñadismo)-, pero te equivocas. Mal que te pese o mejor dicho, mal que nos pese, los cuñaos, nuestros ínclitos hermanos políticos, en ocasiones, disertan magistralmente con notable discernimiento de un tema concreto. Ésta es una gran diferencia. Así, mientras los cuñaos, pueden dominar una materia, los sobraos por regla general, parecen aviones de biblioteca sin motor. Ultraligeros de sabiduría.

Como tercer componente, nos encontramos con que la panoplia de conocimientos de un y-yomás-ista, es muy compleja de cuantificar ya que, por mucha ciencia que tú atesores… él siempre la sobrepasará sin despeinarse. Según parece, estos rasgos, inciden directamente en otra importante diferencia entre las tres taxonomías. 

Si en alguna ocasión has pillado a tu cuñado en una contradicción, habrás visto que se ponía rojo de vergüenza. Es normal. Los cuñaos son seres humanos. En cambio, los sobraos tienen algo de sobrenatural… Cuando les pillas en un renuncio, algo frecuente puesto que, como digo, la inanición de conocimiento es su santo y seña, su respuesta habitual -en tono chulesco, (rasgo distintivo)-, suele ser ¿yyyy…? o, ¿y a mí qué…? o, ¿pero qué mestás contaaandooo? Respuestas nada edificantes que imposibilitan que una conversación avance, exhortando al cese inmediato en el diálogo para que la cosa no pase a mayores, esto es; mayor pérdida de tiempo, mayor derroche de saliva, mayor desgaste de córtex cerebral al interactuar con una acémila…

Como ya habrás adivinado, pillar en una incoherencia a un y-yomás-ista es tarea imposible, salvo que el pillado en el renuncio seas tú y él se haya hecho eco anticipadamente. Si no, no le pillas.  Los y-yomás-istas, son de entendimiento sencillo. Reiterativo y simple, pero eficaz en el propósito.

Tipología del sobrao

Si bien todos los y-yomás-istas son iguales, no existe un solo tipo de sobrao, como no existe un solo tipo de cuñao. Los sobraos se dividen en dos grandes grupos: conocidos y desconocidos, los cuales a su vez, se subdividen en tres categorías: profesionales, familiares y vecinales.

La mayor frecuencia estadística de sobraos se da en el grupo de desconocidos. La cota de sobradismo es inversamente proporcional al nivel de proximidad: cuanto más lejana sea tu relación con el individuo, más posibilidades tienes de que se sobre contigo. ¿La razón?, un sobrao no conoce la vergüenza ajena, es inmune.

Un dato: las relaciones con los sobraos nos cambian. De entrada, la cara. No damos crédito. Después, el humor. No damos crédito. Y así, con tan poco crédito en el bolsillo, nos resulta inconcebible que estos ejemplares se hayan convertido en especie protegida. ¿Qué quién la protege? Otros sobraos. Si dinero llama a dinero, sobrao llama a sobrao. Por eso te los encuentras en el trabajo, en la familia o en la urbanización.

Algunos ejemplos…

–¿¡Cómo… que no sabes usar las funciones del excel pa´ calcular eso!? El silencio elíptico que el interfecto regala a continuación -equivalente a “valiente imbécil”-, expresa con claridad la poca caridad cristiana de nuestro enrollado compi.

–¡Anda traeeee! (con superioridad) ¡que si tenemos que esperar a que enciendas la barbacoa con esa cerillita, estamos apañaos! Los “aos” en las desinencias, en ocasiones ayudan a detectar sobraos. Ellos no pierden el tiempo en hablar correctamente. Eso es de pringaos.

–¡Oyessss!, ¿no sabías que pa´ la fiesta de la “urba” teníamos que venir disfrazaos de hombres primitivos? –¿Pero, no era quién quisiese..? (intentas matizar). –No te has enterao… ¡cállate la boca! Aquí el sobrao, se sobra al indicarnos con precisión lo que tenemos que callar, no sea que por descuido, vayamos a callar el entrecejo.

¿Se puede ser sobraocuñao e y-yomás-ista al mismo tiempo? ¿El sobrao nace o se hace? Son inquietantes preguntas que nos acercan a la revelación que me hizo un amigo el otro día: en el sobradismo influye la carga hereditaria…. 

Como si de una facilidad para la música, las matemáticas o el deporte se tratara, algunos individuos parecen dotados de cierta predisposición genética que les convierte en sobraos desde el instante en el que nacen.

Por eso, no quiero terminar sin enviar un mensaje de esperanza a todos los que tienen que tratar a menudo con sobraos o y-yomás-istas: ambos movimientos son modas, una en declive y otra en auge pero, como tales, pasarán. 

Mientras, hasta que eso suceda y por el bien de todos, procuremos ejercer de cuñaos lo menos posible.