El futuro del diseño y el diseño del futuro.

Hoy deseo compartir insights personales que responden a la pregunta: ¿hacia dónde avanza el diseño? Las respuestas que acuden a mi cabeza son particularmente esperanzadoras.

Mi memoria es buena. Recuerdo con bastante nitidez mi infancia y adolescencia. De la década de los 60 perviven en mi memoria multitud de artículos y servicios poco atractivos: electrodomésticos, utensilios, publicaciones, publicidad… Incluso algunos con limitaciones funcionales derivadas de un diseño poco evolucionado.

También recuerdo, con sorpresa, el aspecto y acabado de ciertos productos alemanes que sobrepasaban en mucho a los disponibles en España, Francia o Italia. Desde la calidad de los materiales empleados hasta lo depurado de su diseño.

Hago esta introducción porque, volviendo a mis recuerdos, pude observar a partir de 1970 cómo una, –al principio lenta- pero imparable curva, comenzó a dar vida a productos mucho más atractivos y funcionales. Productos en los que una nueva disciplina se integraba desde su gestación: la ergonomía.

A partir de ese momento numerosos artículos comenzaron a diseñarse con un enfoque que ponía al usuario en el centro del proceso. Prueba de ello lo tenemos en tantos objetos ideados para personas con algún tipo de discapacidad: tijeras o abridores de tarros que facilitan la vida a usuarios con artritis; relojes y guitarras para zurdos; ayudas para personas con algún tipo de parálisis o limitaciones visuales, etc.

Es decir, y aquí viene lo importante, comienza a percibirse el diseño como una disciplina capaz de ayudar a los seres humanos en sus vidas cotidianas; no únicamente como un elemento embellecedor del proceso. Lamentablemente, todavía hoy, en algunos ámbitos perdura la antigua percepción.

 

Materia, forma y color

A mi parecer, una de las claves del despegue del diseño, tanto industrial como gráfico en la década de los 70, fue la industria del plástico. En contraposición a otros materiales, el plástico daba rienda suelta a la imaginación. Casi, cualquier elemento que se concebía, se podía materializar con formas hasta ese momento impensables.

Además de la forma, el plástico supuso la introducción en la vida común, del color con mayúsculas; en tonos y matices hasta ese momento reservados a la expresión artística.
Además, el plástico y sus derivados textiles, propiciaron otra revolución en el mundo de la moda. De forma paralela, el diseño gráfico, el arte, el cine, la fotografía, la publicidad, la industria editorial… bebieron de aquel nuevo universo de formas y colores.

Todo ese movimiento se alió en la difusión de la cultura pop y devino en la transformación de una sociedad más colorista y ecléctica.

 

El futuro del diseño

Como consecuencia de todo ello, llegamos hasta la actualidad. Ahora el diseño ejerce un papel decisivo a la hora de conformar gustos y preferencias. Puedo asegurar, sin ambages, que el diseño actual desempeña un papel protagonista en la construcción del Top of Mind de consumidores y usuarios. Tanto es así que –como aliado de la marca– juzgamos a muchas de ellas, en virtud de su diseño.

Hoy es frecuente que la creación de producto comience por su diseño. Tenemos el ejemplo de IKEA. Muchos de sus artículos nacen en un tablero de dibujo para dar respuesta a desafíos concretos: conseguir una mesa barata y funcional; simplificar el proceso de fabricación de una lámpara; ahorrar en el transporte o almacenaje de un objeto al modificar sus proporciones, etc.

Otra empresa recurrente al hablar de diseño es Apple. Tanto en sus productos como en su comunicación, Apple hace gala de originalidad, funcionalidad y prestaciones. Si bien es cierto que su precio no es apto para todas las economías, sus productos minimalistas orientados a ofrecer calidad y grata experiencia de uso, suelen conseguir que los clientes de la manzana terminen por convertirse en apóstoles de la marca. Fenómeno estudiado en las escuelas de negocio pero, pocas veces, reproducido con éxito en otras marcas.

Entonces, ¿cómo podemos imaginar el futuro del diseño? Para empezar, yo echaría mano del presente. Algunas de las empresas más innovadoras de la actualidad, aquellas que vislumbran un futuro mejor, apuestan por la multidisciplinariedad en su equipos. Hasta el momento, dicho enfoque ofrece muchas ventajas cuando se estructura bien el equipo, se establecen dinámicas enriquecedoras y se lidera mejor.

Es decir creo que el futuro del diseño es multidisciplinar y colaborativo. Pienso que mejorar el mundo es cuestión de mejorar el enfoque –y voluntad– en el desarrollo de productos y servicios más útiles y valiosos para el ser humano. Ello nos sitúa en un trabajo colaborativo. ¿Un ejemplo? La industria automovilística. La complejidad de un vehículo hace que su diseño se fragmente en partes y, sin perder de vista el resultado global, equipos especializados acometen de forma armonizada el diseño de sus diferentes elementos: desde el motor hasta el interior; desde la forma de sus pilotos hasta las curvas de la carrocería.

Y si antes decía que algunas empresas comienzan por el diseño, ahora afirmo que para obtener un buen diseño debemos escuchar, en primer lugar, a nuestros clientes. A nuestros stakeholders.
También es algo que ya hacen ciertas empresas, pero como intento proyectarme a algunos años/vista, creo que dicha práctica será común. El estándar dentro de algunos años.

Esto tendrá sus consecuencias como es lógico. Cuando un planteamiento multidisciplinar y colaborativo sea común en la sociedad, las sinergias que se obtendrán con ello, van a señalar el camino a un nuevo modelo de educación. Una educación más práctica y holística determinada a formar alumnos cuyo mayor mérito no será conseguir un título, sino adquirir el gusto y el hábito por revisar de forma permanente sus conocimientos –en pos del bien común– de la mano de una formación sin fin, a lo largo de toda su vida.

 

Valor de marca: lo verdadero en oposición a lo verosímil

Sin entrar en las contradicciones de la Agenda 2030, para beneficiar a unos pocos en detrimento de la humanidad –me permito recomendarte un artículo mío sobre el tema, que puedes leer aquí–, es cierto que nos encontramos ante un cambio de paradigma.

Por ejemplo, internet ha revolucionado la vida de los seres humanos. No sólo ha permitido que una persona pueda compartir sus ideas, como este artículo que estás leyendo y, ¡al que cualquier ciudadano del mundo puede acceder!, sino que ha transformado la información; el comercio; el conocimiento; el marketing y la comunicación; los bienes y servicios y sus marcas… entre otras muchas cosas. El único orden de nuestras vidas que no se ha visto afectado, todavía, es: la participación ciudadana en la toma de decisiones que nos afectan a todos. Léase, la política.

Pero, volviendo a las marcas, los intereses generales como el legado a nuestros hijos de un planeta mejor, inciden en las filosofías de producto, y por tanto, en el diseño de productos y servicios. Las RR.SS. ejercen un papel crítico sobre las empresas. No es inteligente iniciar una política de producto que deteriore el medio ambiente como era común en los años 70. Ahora, el precio a pagar es la reputación de la marca, y por ende, la penalización en ventas. El respeto a los intereses de una sociedad transversal cada vez más concienciada con los problemas sociales, es clave para avanzar a paso firme en los mercados presente y futuro.

Si antes hablaba de comunicación e información, un fenómeno relativamente reciente también ha sentado plaza: las fake-news. También en esta ocasión me permito recomendarte otro artículo mío sobre el tema que podrá darte idea del alcance y realidad de semejante despropósito.
Las fake-news, no son un hecho aislado. A las fake-news se suman los fake-products. Imitaciones, en ocasiones, indistinguibles del original. Mucho se ha escrito sobre los productos clones. Aunque la cuestión se ha abordado repetidas veces desde la perspectiva económica por la vulneración de patentes y derechos que supone, a mi modo de ver, la finalización de esta lacra que favorece a determinadas empresas casi siempre de origen asiático, terminará cuando se aborde desde un prisma sociológico.
El prisma de las motivaciones. ¿Qué lleva a una persona a comprar un producto falso?
Aparentar. Pero, ¿no es mejor ser, que parecer?

Muchos fabricantes de productos falsos, experimentarían un mayor crecimiento, si dedicaran todos sus esfuerzos a la construcción de una marca propia. Porque, el futuro del diseño, va a estar íntimamente ligado a valores de marca concretos. En un futuro inminente, una marca equivaldrá a una declaración de intenciones: económica, social, moral… Declaración que va a trascender del territorio del marketing o del propio universo de la misma, para instalarse en una memoria colectiva en permanente comunicación y revisión.

Presiento que estamos en un momento en el que muchos consumidores comienzan a depurar sus preferencias, hacia marcas sensatas y honestas. Marcas que no sólo dicen sino que hacen.
Marcas en las que el lucro mediante el empleo de niños en umbral de pobreza de países desfavorecidos, es sustituido por mano de obra legítimamente retribuida, para ofrecer a sus clientes productos éticos.
Marcas que, para ofrecer un producto tecnológicamente relevante, no se aprovechan de la explotación salvaje de los recursos naturales de países con laxas legislaciones.
Marcas que, cuando las compras, no te llevas a casa un cargo –de conciencia– oculto en el ticket de compra.

El diseño del futuro

El diseño como parte integrante de procesos: arquitectura, ingeniería, moda o comunicación, está llamado a crecer y abrirse a profesionales ajenos a esas disciplinas. En otras palabras el diseño de edificios puede que no esté subordinado a un arquitecto; ni el de un automóvil a un ingeniero; ni el de un vestido a un modisto ni el de una publicación a un periodista.

En la actualidad esto ya sucede, pero cabe suponer que en un futuro se intensifique. Por otro lado, esta “invasión” de terrenos blindados por determinados estudios, propiciará que tanto los arquitectos, ingenieros, modistos o periodistas, por seguir con el ejemplo, incursionen en otros territorios naturalmente ajenos a los mismos como la economía, la salud o los videojuegos. Algo que, en la practica, también está sucediendo ya.

Dicha tendencia puede llevar a un mestizaje de disciplinas, en las que todos aprenden de todos, a fin mejorar los resultados en un objetivo común.

Dicho de otro modo, el diseño se va a convertir en un espacio común. Un espacio de colaboración en el que todos opinen y todos decidan.

¿Suena utópico? Puede que sí, pero no miro en ninguna bola de cristal para afirmarlo. Me limito a extraer conclusiones de la realidad más avanzada y a proyectarlas en el tiempo. Cuando observo que una proyección lleva aparejados beneficios para las empresas y sus clientes, creo que tiene posibilidades de validarse.

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