En democracia, jamás, gobierna el pueblo.

¿Quién gobierna España? Los políticos, no el pueblo.
Para ser político –de los que mandan–, forzosamente has de pertenecer a una formación política. Para ser pueblo no hace falta pertenecer a ninguna.

Cuando alguien argumenta: los políticos salen del pueblo, yo respondo, no, salen de los partidos políticos.

Entonces, si la democracia no es el gobierno del pueblo, ¿qué nos han vendido todos estos años?

Quizás, escandalizado con el titular, has alcanzado esta línea para saber cómo me atrevo a hacer semejante afirmación.
Te tranquilizaré: cuando llegues al final, es más que probable que el que afirme tal cosa seas tú, y no yo.

Empiezo por una pregunta: ¿qué haces cuándo tienes un problema? Para mí, lo normal es buscar una solución. Obvio. Ahora bien, ¿y si la solución no funciona? Pues también es obvio que lo inteligente, lo racional, es buscar otra.

De momento no aclaro nada. Lo sé. Pero, por seguir con el juego, te haré otra pregunta ¿cuántas veces, al ir a votar has pensado: nadie me representa? Igual a ti no te ha pasado nunca. Pero, si preguntas a tu alrededor te toparás con algún familiar, amigo, vecino o compañero de trabajo al que sí le ha pasado. Si investigas, encontrarás a muchos.

Ahora, antes de unir las dos ideas precedentes haré un apunte histórico: EE.UU., –cuna de la democracia junto al Reino Unido–, desde 1875 ha mantenido invariable su política exterior. ¿Casualidad?
No, si tenemos en cuenta que a lo largo de siglo y medio se han sucedido en el poder demócratas y republicanos. Es decir, la izquierda y la derecha. Algo que nos lleva a pensar que, si fueran dos opciones antagónicas, como se las describe, habría tenido efectos indeseados en dicha política con los consiguientes bandazos estratégicos y tácticos.

Entonces, ¿por qué no ha sucedido? Básicamente porque por encima del “poder” político hay uno superior: el económico.
Para entenderlo cabalmente citaré a un banquero judío-alemán muy famoso: Nathan Mayer Rothschild. A él, que no tenía un pelo de tonto, se le atribuye la frase “quien controla la emisión del dinero controla el gobierno”.

 

El dinero nos controla

Esto lo sabe todo el mundo ¿verdad? Y tampoco tiene tanta trascendencia cuando son los propios gobiernos democráticos los que tienen el control de la emisión del dinero ¿no es así?

Pues no. Si empezamos por un referente democrático de libro, léase EE.UU.
¿Sabías que la Reserva Federal americana es una entidad privada? De ella depende la emisión de dinero en EE.UU.

Decir esto así puede sonar demasiado superficial. Es un dato que necesita ser contrastado. Por eso te recomiendo el artículo de Juan Ramón Rallo en libremercado, en el que trata de demostrar que la FED no es privada. Puedes leerlo desde el siguiente enlace.

https://www.libremercado.com/2012-05-25/juan-ramon-rallo-es-la-reserva-federal-una-entidad-privada-64625/

Para mí, la mejor frase del artículo es ésta:
…Como reconoce la propia Fed en su página web: «La Reserva Federal debería ser descrita más como “independiente dentro del Estado” que como “independiente del Estado”. Es decir, la propia Fed reconoce que es un órgano estatal pero independiente del resto de burócratas que integran el Estado. Algo así como el Banco de España, vamos…

¿Un juego de palabras?, ¿Simple retórica para ocultar la realidad?
Cada uno puede pensar lo que quiera. Pero, acostumbrados a Pedro Sánchez y a otros políticos que no tienen problema en perseguir a los terroristas de ETA en una legislatura y, en otra, ponerlos a co-dirigir España, yo diría que sí.

Ahora, si quieres una opinión diferente, te recomiendo el artículo de Ryan McMaken publicado en AUSTRIAN ECONOMICS, FREEDOM, AND PEACE Mises Institute, cuyo título es bastante clarificador: “La Fed es una institución puramente política y, definitivamente no es un banco”.

https://mises.org/es/wire/la-fed-es-una-institucion-puramente-politica-y-definitivamente-no-es-un-banco

Del mismo, destacaría la siguiente frase:
“No había ninguna teoría económica ni ninguna «lógica bancaria» de sentido común. Se trataba simplemente de una organización que hacía lo que se le ordenaba: financiar una guerra para los políticos. Además, como el dólar ya no estaba vinculado al oro —especialmente tras el cierre de la ventanilla del oro en 1971—, la Reserva Federal podía crear dinero a su antojo.”

El tercer elemento en discordia se llama BIS. Bank for International Settlements. ¿Lo conoces? La mayoría de la gente no ha oído hablar de él en toda su vida; un detalle curioso, al tratarse del banco supremo.
El banco al que se rinden todos los bancos del mundo, Fed y BCE incluidos.
Éste es el que, de verdad, dicta las reglas del juego. Por supuesto, es una entidad privada en manos de unos pocos. ¿Más claro ahora?

Hay un último elemento, de plena actualidad, cuando nos presionan con la idea de “no tener nada y ser feliz”. Se llama Agenda 2030.
El WEF y sus acólitos masónico-demoníacos, –fuerte ¿eh?–, creen que ha llegado el momento de que todos los países democráticos renuncien a su soberanía –¡ojo!, a ti no te van a preguntar–.
Ya se han elegido a determinadas personas para que renuncien a la soberanía de España “en tu nombre”. ¿No ves a Pedro Sánchez con el pin? ¿No ves a Feijoo con el pin? Cara o cruz. La trampa está servida.

¿Crees que exagero? ¿Recuerdas la pandemia? Bueno, la pandemia fue un ensayo. Pedro Sánchez abolió las libertades constitucionales en España a favor de la OMS. ¿Un delito? Sí. ¿Algún castigo para Pedro Sánchez? NO. Ergo, él puede delinquir pero si tú llamas guapa a una mujer, en vez de zorra, te denuncian y, hasta puede que te encierren por delito de odio. Por ahí van los tiros.

¿Has visto a los agricultores de España? ¿Y del mundo? ¿No comes? ¿Has visto las manifestaciones de Ferraz? ¿Recuerdas por qué se manifiesta la gente frente a la sede del PSOE? Yo te lo recuerdo, porque no están de acuerdo en amnistiar a canallas que han intentado dar un golpe de estado, en una región de España llamada Cataluña. Ellos quieren la independencia de España. Lo malo es que la quieren con la ley o contra la ley, por las buenas o por las malas. ¿Te imaginas que todos en España jugáramos al mismo juego? Juego que les ha permitido, en pocos años, pasar de luchar por integrar el catalán al día a día, para, –cuando lo han conseguido–, tratar de eliminar el castellano de su día a día. ¿Debemos esperar los españoles el mismo trato?

Lo más curioso es que a pesar de ser una región especialmente beneficiada por los impuestos de todos los españoles, sufre de sequía. ¿En qué se diluyó el dinero de los impuestos?
El acto fallido de tales golfos puede resumirse en esta frase: CATALANES, EL AUTOGOBIERNO DE CATALUÑA OS VA A DEJAR SECOS.

 

¡Una de grillos..! –¡marchando!

Tal vez no te importe comer grillos en lugar de chuletón. Tal vez no te importe ceder tu casa –o tus casas junto a tus cuentas bancarias–, al supra-estado que quieren montar, los mismos incapaces de administrar un país. Puedo entenderlo en personas cortas de miras.

Pero debes saber que la Agenda 2030 no es trigo limpio. Pedro Sánchez, Feijoo o cualquier político de su misma calaña, aguardan pacientemente a ser “recompensados” en su obediencia en la implementación de dicha “agenda”.
No vayas a pensar que en ese mundo distópico que te pintan, vamos a ser todos iguales. En la Unión Soviética o en China, sus gobernantes nunca fueron iguales que los que doblaban el espinazo en la fábrica o el arrozal.
Y, créeme, ése es el modelo inspirador de la Agenda 2030.

Para disipar tus dudas, te animo a leer mi artículo sobre la misma en el siguiente enlace:

Agenda 2030: el mundo feliz de Huxley (I).

Recuerda: “quien controla la emisión del dinero controla el gobierno”.
Si te fijas, esta frase no te incluye. Ni a mí tampoco. Ni a nadie que vaya con un papelito de colores a meterlo en una cajita. ¿Por qué? Porque tu voto no sirve para nada.
Si sirviese, no sólo tendrías voto. También tendrías VOZ.

Eso lo cambiaría todo. Si tuvieras voz, podrías acabar con los desatinos de este gobierno, o de cualquier otro, con un simple click de ratón al mandar al político X, Y o Z a su casa, sin pensión vitalicia.

Un click igual al que usas para hacer tu declaración de la renta. Recuerda, eso que te obliga a soltar pasta cada año. En demasiadas ocasiones para sufragar prostitución; viajes innecesarios en helicóptero o falcon; mordidas o comilonas de aquellos que deberían estar comprando equipos para guardias civiles, policías o militares; ayudando a la investigación médica; blindando a los españoles con óptimas jubilaciones; actualizando la red ferroviaria; no tratando de cobrar 2 veces la misma autopista; o reformando hospitales que se caen de viejos…

Pero claro, el sistema está concebido para que, una vez que estás arriba, nadie desde abajo te pueda toser. Aunque este detalle es mucho más sencillo de cambiar que la ley de amnistía o la constitución misma. Animo a los leguleyos a encontrar la fórmula.
Hasta que eso suceda, la cobardía y mala conciencia política, han servido para instaurar un mecanismo de protección que recae sobre las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, incluso si los políticos llevan a España al desastre; trocan leyes creadas para el bien común por leyes partidistas y minoritarias; incumplen sus promesas o juramentos a la Constitución, o lo que sea, con tal de mantenerse en el poder.

Sin embargo, olvidan que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sí son pueblo. Los policías y guardias civiles no salen de partidos políticos. Salen de sus domicilios. De sus casas cuartel. Se juegan la vida por esos mismos políticos y ellos, ¿cómo les corresponden?, jugando con sus vidas y jugando con las vidas y el futuro de sus familias.

Políticos que se atreven a escupir a la cara a guardias civiles, policías y militares al “elegir como compañeros de viaje político” a asesinos convictos y confesos, entre cuyas fechorías predilectas figura el asesinato de militares, policías y guardias civiles.
¿Qué puede salir mal?

Que no te engañe nadie. Tu voto sólo sirve para una cosa: mantenerte callado y contento, al generarte la “ilusión” de que tu opinión cuenta. Point.

Y ya que hablamos de voto, es importante que nos fijemos en este peculiar detalle: seguimos votando igual que en 1850. Con papelitos y cajitas.

Y debemos fijarnos porque vivimos en un mundo en el que, casi todos los días, tenemos que aprender un nuevo programa informático, o “actualizarnos” a sus novedades –nos gusten o no–; tenemos que lidiar con una nueva norma de circulación; o debemos prestar atención a un detalle que ha cambiado con respecto al mes anterior en la declaración de la renta. Y es que todo avanza… ¡tan rápido! …dicen…

Por ejemplo, en 1980, la declaración de la renta se compraba en un estanco, se rellenaba a mano y se entregaba en hacienda después de hacer cola.
La ventaja es que si te olvidabas de algún detalle, hacienda estaba en mantillas y no tenía forma de perseguir el fraude, a no ser que éste fuera flagrante.
Sin embargo, hoy, con sus superordenadores y con todas las cámaras y satélites creados para espiarnos, saben cuántos pelos nos quedan en la cabeza. Como ventaja, hacemos la declaración desde el ordenador, la enviamos en el acto y no hacemos cola.
Ya ves. El progreso.

 

Inclusivízate y aguanta

También la sociedad ha cambiado mucho. ¿Tu marido o tu mujer te es infiel? Lo cambias o lo dejas. Esta sociedad tiene un divorcio exprés para que rehagas tu vida. Bueno y que tus hijos aprendan que la vida es dura.
¿Te viene mal tener este hijo? No pasa nada. Lo abortas. El muerto al hoyo y el vivo al bollo. ¿Que el abuelo tose? Puff, qué molesto. Sin problema. Lo eutanasias y así, los vivos tocamos a más bollos.
¡Esto parece el paraíso de las libertades! ¡Cómo será de guay la Agenda 2030, cuando eutanasien a alguien sin su consentimiento!

Pero cuidado, que el maltrato va a estar muy mal visto. Eso sí, el maltrato que el gobierno diga. Porque el gobierno es inclusivo. Por eso hace, inclusive, lo que tú jamás votarías.
Que tus hijos pasen por tu separación no es maltrato. Que los traten de sexualizar en el colegio, sin tu consentimiento, no es maltrato. Que, incluso, los vistan como mercancía para pedófilos y los hagan circular en un desfile, tampoco es maltrato. Como tampoco sería maltrato crear leyes que permitiesen arrebatar la infancia de las criaturas, por ejemplo, con la legalización de la pederastia.

¿Quieres vender tu casa? No hay problema…, salvo que se te metan unos okupas y tengas que mantenerlos unos años. Para eso está la ley. Para dar la razón al okupa, a modo de anticipo del “no tendrás nada y serás feliz”. O, ¿no eres más feliz con el okupa en casa?

¿Necesitas información? Por supuesto. ¡Pero ojo con las fake news! En especial las más fake: aquellas que emiten los medios que dicen combatirlas.

 

El voto rancio del sXXI

Por eso, con tantos cambios, yo me pregunto ¿por qué hay que seguir votando cada cuatro años?
También me pregunto ¿por qué hay que montar la parafernalia de los colegios electorales; los recuentos; las jornadas de reflexión?
¿No se han enterado –que me lo podría creer–, los políticos, de que existen los ordenadores? ¿Qué interés oculto mantiene ese proceso tan rancio anclado en el pasado?

No concibo una democracia que represente a un ciudadano del sXXI si mi poder, el tuyo, el suyo, el nuestro y el vuestro no se ejercita en TIEMPO REAL. Ya sabes, dicho y hecho como tiene que ser todo ahora. Con una app. Igual que con el banco, hacienda, tráfico, el médico…

Es inaceptable que tu empresa te envíe un trabajo por whatsapp en tu día de descanso, pero es anacrónico, –además de inaceptable–, que tengamos que sufrir a un político durante cuatro años. Y dado que, el poder del político es un poder delegado por el pueblo, yo, que soy el pueblo, digo: ¿por qué seguimos con un sistema CADUCADO hace siglos, en todo el mundo?
No conozco a ninguna democracia que en 2024 permita a sus ciudadanos ejercitar el voto en tiempo real. ¿Tú lo ves normal? Yo, no, cuando estos mismos políticos deciden en tiempo real si puedes entrar con tu coche en una ciudad o no.

Y ya que hablamos del mundo laboral, añado: ¿Por qué el trabajo de un político no tiene período de prueba? ¿Por qué el trabajo de un político tiene una estabilidad perfecta; duración mínima de 4 años; seguridad y jubilación de estrella de la NBA; amén de numerosas ventajas completamente diferentes al resto de los trabajadores? Aún, más: ¿cómo es posible que los políticos sean los mismos que decidan sobre la estabilidad de sus empleos, condiciones laborales, y salarios? ¿Cómo se consiente una cosa así?

Son anomalías que no existen en ningún otro sector, salvo el suyo. Sector que por alguna razón, –quizás esto mismo que acabo de exponer–, congrega al colectivo que menos resultados produce; individuos que juegan en sus puestos de trabajo y son captados –in fraganti– sin consecuencias, despidos o expediente laboral alguno; personas que desprecian a sus clientes, esto es, la ciudadanía a la que se someten al jurar o prometer la constitución; y abusones que jamás han pasado el menor control de competitividad como exigen al resto de ciudadanos, para competir en los “foros internacionales”, cuando una gran parte de ellos no habla inglés.

 

El futuro que nos aguarda

Cuando, dentro de unos años, se estudie en colegios y universidades –el mayor engaño continuado de masas de la historia–, los jóvenes aprenderán que la mayoría de sus antepasados “creían” en la democracia. Así, sin más.
Sin razones objetivas para hacerlo.

Asombrados, entenderán que la estrategia de la masonería, no ocultada por George Washington masón y demócrata como se comprueba en la rica iconografía de la época, fue bastante simple: sustituir religión por democracia. Así, la democracia no necesita razones. Lo importante es “creer” que es “el sistema menos malo”. Con eso basta. De paso, olvidan a Dios, como si con la democracia y sus supercherías alguien hubiese sido capaz de negar fehacientemente la existencia de Dios.

Algo propio de ignorantes. De catetos. Porque una persona inteligente nunca va al médico menos malo, sino a uno bueno. Y nunca se compra el coche menos malo, sino uno bueno. Y nunca lleva a sus hijos al colegio menos malo, sino a uno bueno.

Por eso, a las nuevas generaciones les resultará muy difícil entender, que una persona inteligente fuera a votar al partido menos malo… –porque no había uno bueno–, en lugar de dejar de votar: única opción inteligente.
En especial porque sólo dejando de votar se podía desmontar aquel juego tramposo y mentiroso, denominado sistema democrático. Porque sin votos, no existe la “legitimidad de las urnas”. Y los políticos tienen que ponerse a trabajar, auténtica novedad para muchos de ellos: en una panadería, en un banco, en una oficina.

Imagino que también pensarán porqué la gente no se rebeló antes contra su sistema de recaudación de impuestos, injustos, desproporcionados y mal empleados. Eso sí, sabrán por la historia, el momento justo en el que el pueblo se hartó y, la llamada a la insumisión fiscal, corrió como la pólvora de país en país, dejando sin dinero que quemar a la panda de mangantes (quizás les llamen de forma menos poética), hundiendo todos sus planes y dando origen al movimiento de liberación de la humanidad.

Supongo que también descubrirán que nunca existió un partido bueno en ningún país democrático, al comprobar que ninguna formación política buscó, jamás, personas buenas.
No alcanzarán a entender cómo sólo se buscaban personas con títulos universitarios, a ser posible de universidades controladas políticamente.

Paralelamente, la anterior deducción les llevará a detectar las motivaciones que impulsaban a muchas personas a mentir en su currículum para subirse al carro político. En los peores casos, negándose, incluso, a hacerlo público, con el apoyo de su partido.
Y es que verán a los partidos políticos como lo que son en realidad: lobbies de poder. Los ciudadanos nunca contaron para ellos más que para cosechar impuestos.

Comprenderán que la clave principal para mantener la maligna democracia, consistía en dividir –constantemente– a la población. Unas veces con la guerra de clases. Otras, con el poder económico. Otras, con el saber. Otras, con el deporte. Otras, con falsas ideologías políticas. Y, al final, con el enfrentamiento de los sexos. Enemistando hombres contra mujeres con leyes perversas. Como si uno pudiera sobrevivir sin el otro.

Claro que a la conclusión final a la que llegarán será ésta: “quien controla la emisión del dinero controla el gobierno”.

Y por ello, comprenderán que hasta que no se abolieron, arrasaron y se repartió el dinero de los paraísos fiscales entre una humanidad saqueada durante generaciones, no se logró desmontar ese sistema demo-níaco cuyo funcionamiento se basaba en la compra de voluntades, con dinero invisible para los ciudadanos de bien, los mismos que en un trascendental momento histórico, se unieron, para librarse de una vez por todas, de la democracia.

¿Qué llega después de la pandemia?

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