Nuestra vida, desde que nacemos, está indisolublemente unida a la muerte, con determinados altos en el camino a los que llamamos enfermedad.
Es verdad que, por regla general, la salud es nuestro estado «normal», sin embargo, la enfermedad de una u otra forma suele reclamar nuestra atención en alguna etapa de nuestra existencia.
Como he contado en entradas previas, desde 2015 padezco Miastenia Gravis, MG para abreviar…
Enfermedad rara de carácter autoimmune, impide que los impulsos nerviosos del cerebro lleguen a los músculos, lo que afecta a la vista, ocasionando visión borrosa y/o doble; a la deglución; a los brazos y a las piernas; a la respiración – el cuadro más serio-, en definitiva… te cambia la vida.
He de confesar que, a pesar de las importantes limitaciones que ha introducido en mi rutina diaria, no me siento un enfermo en el sentido clásico del término y no lo digo en tono heroico o denodado, sino una persona que precisa de más descanso y controles.
Siendo honesto, esta actitud es posible gracias al cuadro de médicos y enfermeras del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
Sin ellos, mi calidad de vida no sería la misma.
Les debo la vida, literalmente. Las complicaciones de la enfermedad me pusieron en riesgo real 4 veces. La última en agosto de este mismo año. Una crisis que comenzó en febrero, llegó al punto de evolucionar a insuficiencia respiratoria y aquí fue cuando los neurólogos Dres. Rodríguez de Rivera y Tallón me hablaron de la PLASMAFÉRESIS. La palabra, sonora y atrapante, define un tratamiento mediante el cual se «limpia» la sangre. Lo asombroso es que retira, a través de varias sesiones, los anticuerpos que interfieren con el normal desempeño de los músculos restaurando el organismo a un estado que podríamos llamar de cuasi salud.
La mala noticia es que es paliativo, siendo necesaria su repetición al cabo de cierto tiempo.
Mi experiencia con el Servicio de Aféresis de La Paz, uno de los pocos hospitales de España en los que se administra el complejo tratamiento, no ha podido ser más positiva. Mi gratitud para Elena, Cristina, Ana, Carlos, Marisa, Maribel, Lucía, Rosa, Pilar… y alguno más que me dejo en el tintero… auténticos ángeles de la guarda que han hecho posible que mi PLASMAFÉRESIS haya tenido éxito. Sin su profesionalidad, amabilidad, sentido del humor y amena conversación, no habría sido igual. Han conseguido que unas sesiones que duran varias horas se hicieran cortas y, como siempre digo, desde un lado humano y una categoría personal que, a veces erróneamente asumimos que no vamos a encontrar en la sanidad pública… Nada más lejos de la realidad.
En un mundo de papanatas en el que tantos se afanan por ser, aunque generalmente se conforman con “parecer“ mejores, puedo afirmar que los profesionales de la salud de este país, están insuficientemente pagados e insuficientemente reconocidos… lo cual entraña una gran paradoja: ¿cómo es posible que no cuidemos mejor a aquelllos que dedican su vida a cuidar de la nuestra?
Un misterio político, social, económico… Solo Dios lo sabe.
A todos ellos, GRACIAS.
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Con Cristina, uno de los «ángeles de la guarda» que se ocuparon de mi plasmaféresis.

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