Aquellos que me conocen bien no se sorprenderán, pero para muchos, sé que va a ser una novedad la etapa profesional que estreno: acabo de aceptar convertirme en el director del periódico digital EL MONÁRQUICO, semanario editado por la Hermandad Nacional Monárquica de España y ha sido su Presidente Nacional, D. Francisco Rodríguez Aguado quien me ha hecho la propuesta, la cual representa el retorno a mi origen profesional y abre una nueva etapa en mi carrera.

Por esas curiosas circunstancias de la vida, el III Certamen Internacional Felipe VI 2018 convocado por la HNME, primer concurso literario al que me presento con LO INVISIBLE, breve semblanza de Alfonso XIII, ha sido galardonado con el Primer Premio de Relato. ¿La suerte del principiante? Puede ser, desde luego, pero a juzgar por los efectos que duran hasta hoy, no sé establecer una correlación entre la huella dejada por mi propuesta, con la plena autonomía que me ha otorgado D. Francisco, a la hora de encomendarme la dirección de este medio informativo.

Mi andadura profesional comenzó en el mundo de la prensa a principios de los 80. En él pude aprender mucho, si bien, pronto descubrí dos cosas: la primera que la independencia informativa con frecuencia es un mito, a pesar de que a alguno se le llene la boca con las palabras encadenadas libertad y democracia, ese espacio común de seudo-realidad. Por desgracia, la verdad, la búsqueda de la verdad, ya no importa. Desde hace años prevalece la opinión, la que generalmente cuenta con la adición de colorantes políticos, con propiedades laxantes mentales, imposibilitando a los intoxicados discernir.

La segunda fue la publicidad. Un mundo apasionante, en el que creas la información con una finalidad muy precisa: conseguir una respuesta por parte del público objetivo. Vamos, lo mismo que ocurre con la prensa cuando se convierte en propaganda: la información al servicio de la política, solo que la prensa cuando hace eso, no sirve a su objetivo sagrado que es informar.
Tal vez por ello, me enamoré de la publicidad: no engaña a nadie. Está concebida para vender más. Punto. Lo sabes y juegas a ello, aunque la mayoría no sea ciertamente consciente del poder que tiene…

Retomando el hilo anterior, cuando un periodista da su opinión, transfiere al lector su obligación de investigar y contrastar. Se convierte en una fuente informativa a confrontar en otros medios…, un despropósito mayúsculo que pervierte y deslegitima la labor periodística, algo por cierto muy bueno, para aquellos que detentan el poder en la sombra. Es parecido a cuando un político no hace bien su trabajo y al ser interpelado, no asume su responsabilidad ¿te suena?
Por el contrario, cuando un periodista basa su trabajo en la veracidad, la objetividad informativa es su aliada y sus lectores pueden confiar en él.

Por eso, afirmo que en esta nueva etapa en la que dirigiré EL MONÁRQUICO y la Secretaría Nacional de Prensa de la HNME, mi brújula será la verdad y la defensa de los valores en los que he sido educado, …tan laminaditos hoy en día. Duro, sí, pero no me veo a estas alturas de mi vida haciendo el paripé.

Te invito desde ya, a leer mi primer editorial del próximo lunes.

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