—Majestad, he de abonar el servicio de correos y una nueva remesa de fondos para familias incomunicadas en territorios ocupados.
La interrupción de su secretario le devolvió a la realidad.

—No faltaba más —dijo resuelto.

Para Emilio María de Torres, era embarazoso dirigirse al monarca cada vez que tenía que sufragar gastos corrientes, puesto que todos, salían de los ahorros personales del rey.
Mientras extendía su firma sobre el cheque, Alfonso sonrió a su secretario.

—¡No te preocupes hombre! Estoy haciendo lo correcto…»

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